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Hechiceria |
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Es muy difícil deslindar los vocablos hechicera y bruja. La hechicera es esa mujer que no tiene ningún poder especial, sino unos simples conocimientos que le han sido transmitidos por otra persona, conocimientos simples, la mayoría de ellos sin sentido aparente y que ni ella misma sabía qué significaban.
La hechicería es una hija bastarda de la miseria, engendrada por el deseo y cuyo fin es conseguir por medios sobrenaturales lo que se anhela. La mentalidad religiosa y supersticiosa, hacía algo cotidiano la convivencia con estas personas, en cierto modo respetadas y en casi todos, temidas.
El retrato que se hace de ellas, es semejante al de las brujas: "son más mujeres viejas y pobres que ricas y mozas, porque después de viejas, los hombres no hacen caso de ellas, tienen recursos del demonio para cumplir sus apetitos. Y hay más pobres porque la pobreza es motivo
Hoy esa teoría no puede sustentarse. En primer lugar porque no todas, ni siquiera la mayoría, eran ancianas, y en cuanto a lo de los apetitos sexuales es una obsesión del clérigo renacentista. Las jóvenes tenían cubiertas de sobra sus necesidades y las viejas ya no estaban para esos trotes. Por otra parte, toda relación sexual con el diablo, era totalmente insatisfactoria y muy dolorosa.
Es cierto, en cambio, lo de la pobreza, que más bien era auténtica miseria y precisamente por esto, para poder sobrevivir, hacían de la hechicería su medio de vida, prestando sus "servicios" a cambio de dinero o regalos.
En un pueblo cercano. ejercía Polonia, alias "La Forastera", que viviendo en la miseria recurría a fórmulas mágicas para sacar de ella a sus clientes. Para ello cogía un gato negro y le cortaba la cabeza, enterrándola en tierra sagrada, tras haberle metido dos habas en los ojos. Después espolvoreaba el lugar con polvo de ara consagrada y yendo todas las noches a las doce a regar el sitio y renegar contra la Santísima Trinidad, Jesús y María y todos los Santos.
Además de esto era necesario, para llevar a buen término el proceso, coger un cuervo y metiéndole una sortija en la boca, abandonarle en un lugar solitario. Asimismo, se había de coger un cuquillo y llevándole a un cruce de cuatro caminos se le cocía, como siempre habían de ir las dos personas interesadas en salir de la pobreza, generalmente un matrimonio, una se había de apartar y la otra comerse un pedazo de carne, reservando otro para el diablo y guardándose los huesos.
El gato negro representa
el Diablo, pero también la mala suerte, a la cual se mata. El
cuervo es utilizado para muchos conjuros y en cuanto al cuquillo es
un ave por la que siempre han sentido predilección los hechiceros.
Se creía que en sus nidos se encontraban ciertas piedras que
hacían invisibles a quienes las llevaban. Con sus huesos y ciertos
conjuros se podía ligar a una persona.
El ara es la piedra que hay sobre el altar y representa la piedra de
los sacrificios. En ella es inmolado Jesucristo durante la misa. Esa
piedra, cargada de sacralidad, era buena defensa contra los maleficios.
Por lo que respecta alas encrucijadas, desde siempre han sido consideradas como lugares misteriosos, propicios para las apariciones. Para los romanos tenían un carácter teofánico, consagradas a Hécate Triforme, diosa maléfica, personificación de la luna o del principio maléfico femenino, quien se aparecía en ellas acompañada de una corte de almas en pena y de perros aulladores.
Algunas mujeres (muy pocas) eran tenidas como hechiceras, o simplemente como supersticiosas, por sufrir algún trastorno psíquico, como Francisca Guerrero, en el año 1613, quien desde joven veía andar un hombre por su aposento, que luego resultó que era su tío, "El Cojo", qué había fallecido hacía varios años. Esta mujer, enferma del corazón, se quedaba sin habla cuando le daba el ataque y en ese trance comenzaba a hablar con las almas de los difuntos y a saber de su "vida" en el más allá, lo que aprovechaban los testigos para enterarse de cómo le iban las cosas a sus seres queridos.
El maleficio más
común, y que valía para todo, era el de echar o tener
mal de ojo. Consiste éste en (a creencia de la existencia de
personas con poderes para causar mal físico (hechiceras) a otras
personas, animales o plantas.
Los síntomas más frecuentes consisten en dolor de cabeza,
mareos, vómitos, expulsión de espuma dulce por la boca,
contracciones y somnolencia.
Prácticamente
todas las hechiceras lo practicaban. Así, Antonia en 1655, que
estaba considerada como maléfica, hacia que enfermasen muchas
personas y animales del pueblo, aunque, la verdad, es que más
había de superstición que de realidad.
Otro tanto ocurría con su nuera Catalina era costumbre en el
pueblo que cuando un niño nacía, se le entregaba a una
mujer para que le diese de mamar, mientras le venía la leche
a la madre. Entregada una criatura a Catalina cuando se lo devolvió
a su madre fue incapaz de tragar muriendo en poco tiempo.
Esto del mal de ojo lo practicaba toda la sociedad. María, en
1650, era criada de una gran Señora, quien curaba a sus damas
del mal de ojo haciendo un sahumerio de romero, ruda, pez y azúcar,
sin mediar palabra alguna.
De ella lo aprendió María, pero más adelante utilizó
unos emplastos compuestos de canela, clavo, jengibre, anís y
miel, que colocaba en el estómago, otras veces se componían
de cominos, alucema y una clara de huevo.
Cuando el hechizo afectaba a la cabeza lo curaba haciendo una pócima
compuesta de leche de mujer, incienso, romero y una clara de huevo.
Todo esto bien batido lo mojaba en una estopa de lino y lo colocaba
en la frente, recitando: "en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, amén, Jesús".
Semejante a éste era el remedio empleado por María Luisa,
batía una clara de huevo con un poco de aguardiente y unas gotas
de vinagre y hacía la misma operación que la anterior,
recitando la misma letanía.
Ana, mesonera de la misma localidad y contemporánea suya, para
curar el mal de ojo tendía el enfermo en el suelo y tocándole
la cabeza recitaba ciertas oraciones.
Para saber si tenía ese mal vertía agua en un plato y
sobre ella echaba tres gotas de aceite de un candil; si se quedaban
arriba y no se hundían no había mal de ojo porque el aceite
"no sudaba".
Esta prueba del aceite se ha utilizado ininterrumpidamente hasta nuestros
días, prácticamente sin variante alguna.
Ana, en 1652, desaojaba rezando unos Credos y colocando sus manos en
unas "quentecillas o frutillas" y en unos granos de cilantro,
rezando en cada uno de estos un Padrenuestro. También rezaba
unos Credos en unos granos de sal de Villena y todo se mezclaba con
vinagre que se echaba sobre una herradura.
Ilustrativo es el caso de María, cuyo proceso duró desde
1728 a 1732. Esta hechicera echó mal de ojo a una mujer, que
se puso muy enferma, llamaron a una tal María del Carpio, pero
nada pudo hacer por ella. A los pocos días, viendo que no mejoraba,
mandaron recado a María, quien envió a su hija, la cual
cortó el pelo de la "hechizada", con lo que se puso
a las puertas de la muerte y así estuvo durante más de
dos años.
Así las cosas, María, un buen día, la dio un pepino
para que se lo comiese, pero la enferma, no fiándose, lo guardó
y a la semana hubo de tirarlo porque su olor era repugnante y se había
cubierto de gusanos peludos y rojos.
Otra santiguadora la visitó, una tal María la Pastelera,
y la informó que sólo podría curarla María
Muñoz. Esta, nada más verla, la dijo: "Hija, buena
vienes". Seguidamente la santiguó la ropa que llevaba y
se acostó a dormir con ella esa noche, mejorando mucho ala mañana
siguiente.
A su marido, sin embargo, la comadre le dijo que no tenía remedio
y la recetó que durante nueve días tomase vino con pez
molida y que llevase en el bolso nueve granos de centeno y otros tantos
de cilantro y tres cogollos "raros", puestos en cruz.
Esta María, también se dedicaba, como todas, a los asuntos
del amor, y a un marido le hizo aborrecer a su mujer de tal manera que
cuando quería hacer el amor con ella se le representaba estar
acostado con un ser con cara y figura de demonio y orejas de mula, lo
cual remediaba atizándola una sarta de palos.
Los remedios
usados en estos casos son los corrientes. Así, vemos el romero,
planta consagrada desde la antigüedad. Las hechiceras solían
rezarle a la hora del crepúsculo vespertino y acabada la oración
se hacía una cruz con dos ramitas que encerradas en una bolsita
se entregaban al enfermo.
La ruda usada en todo tiempo y lugar. Como preservativo de males se colocaba
en las cunas de los niños, ya que donde estaba se pensaba que las
hechiceras no podían entrar. Los tiroleses dicen que da buena vista
y usada con acrimonio se utilizaba contra las picaduras de serpiente.
En Gran Bretaña mezclada con cerveza, ajo, triaca y estaño
sirve contra las mordeduras de perros rabiosos.
En gran parte de España y principalmente en Toledo es considerada
como planta bendita y de buena suerte.
La canela tiene múltiples usos, por ejemplo contra las picaduras
de víboras, es buena también contra las inflamaciones internas
y contra el mal de riñones.
Por lo que respecta a la sal ésta, era remedio imprescindible para
las hechiceras, bien para utilizar, bien para llevar consigo y notar su
contacto las 24 horas del día. Su propiedad para preservar de la
corrupción era ya conocida desde muy antiguo y considerada como
materia sagrada que se ofrendaba a los dioses. La cábala la venera
en forma particular, su nombre MLH, vale cabalísticamente 40 +
30 + 8= 78, que es el mismo valor del tetragrama 26 multiplicado por 3.
Que la sal había de proceder de las salinas de Villena tiene su
explicación, ya que de allí era el Marqués del mismo
nombre, una de las "eminencias" en el mundo de la magia negra,
según creencia popular.
Al margen del mal de ojo, casi todo el resto de la hechicería se
reduce a remedios amorosos y saber del paradero de personas ausentes y
esto vale tanto para Castilla como para el resto de España.
HECHIZO DE AMOR
Vinculo de amor
(Fórmula XXXVII de los textos de libro de los muertos de antiguo Egipto)
Para hacer este hechizo hay que reproducir una estatuilla de cera o de arcilla , (también fijurita recortada de papel) con el rostro de la persona que queremos vincular. La estatuilla, con el nombre del amado y de la madre de este,debe ser envuelta en un pergamino, donde se escribirá la siguiente formula :
" como Osiris dijo no justificadamente: salud a vosostros dos, diosa Reheit, hermana Merti,yo os anuncio mis encantamientos yo salgo de la barca de Mesekatet."
Yo soy Horus, hijo de Osiris, y vengo para...(Escribir la peticion).
En cualquier localidad,
por pequeña que fuese existía una persona entregada a
estos menesteres, aunque lo corriente, a poca densidad demográfica
que tuviese, es que fueran varias, cuando no una verdadera legión.
En 1622 aparecen nada menos qué 7, pero que eran tan sólo
las denunciadas, existiendo muchas más.
Era una las principales Francisca, especialista en ligar hombres. Este
hechizo del ligamento era el más común, pero también
el más temido por los varones, ya que quedarse "raso de
sus partes" y no poder demostrar su hombría era algo que
estaba por encima de cuanto podían soportar.
El asunto de ligar a un hombre, dejándole impotente, es una constante
en estos procesos de hechicería. Desde siempre se ha creído
en este maleficio y son continuadas en todas las leyes eclesiásticas
y civiles de casi todas las épocas las referencias de los castigos
a imponer a quienes causen este mal.
Normalmente
para realizar el hechizo se pide una prenda del hombre, la cual se suele
mojar con su semen, con sangre, etc... También se utilizan los
nudos y asimismo, potingues para ser bebidos.
Así, María e Inés, que fueron procesadas en 1697.
Ligaban utilizando cualquier procedimiento de los dichos anteriormente,
pero eran famosas más bien por lo contrario, por la habilidad que
tenían en hacer reencontrar virilidades perdidas, para lo cual
llevaban una gallina negra muerta a la iglesia y la pasaban por la pila
de agua bendita. También llevaban una daga o espada y una vara
de colonia encarnada atada a su punta, y si al sacar la gallina de la
pila se caía la colonia, el enfermo estaba sanado.
El semen tenía, para estas hechiceras, el mismo poder mágico
que la sangre menstrual, por lo que era corrientemente utilizado para
los ligamientos. Ha sido, asimismo, utilizado como medicina y su "poder"
le hacía ser muy eficaz para preparar filtros amorosos. Era especialmente
adecuado para el "emplasto magnético", con el que las
mujeres enloquecían de amor por un hombre.
Si a él se añadía pelos de las "partes"
del mismo hombre, el resultado era fulminante y atroz. Esto era lo que
utilizaba Francisca, a principios del siglo XIX. Todo esto untado en un
pañuelo de hombre y haciéndole cinco nudo en plena misa,
cuando el sacerdote elevase la sagrada ostia era infalible, según
enfáticamente afirmaba a sus clientas.
Por lo que respecta
a las gallinas, éstas fueron divinidades de muchas poblaciones
europeas, fue un animal consagrado a Marte, pero también a Minerva,
Bellona, Mercurio y Esculapio. Se encuentra su recuerdo en las veletas
de nuestros campanarios.
No está muy claro, de todas formas, su simbología. Se sospecha
que pudo ser un símbolo de cultos caídos ya en el olvido,
recuerdos de perdidas sabidurías, o también animal especial
para curaciones, ya que estuvo consagrado a Esculapio.
Un caso curioso, con esta ave de protagonista, se dio en Malagón.
Allí ejercía de hechicera María Brava, a principios
del siglo XVII. Cierto día la llevaron una niña que nació
medio muerta; María cogió una gallina y la metió
su pico por el "siesso" de la niña. Al poco rato la criatura
comenzó a reanimarse y vivió, pero la gallina murió.
Juana que sabía leer, tenía un libro de hechizos y su conjuro favorito era:
"Fulano, conjurote con Dios Padre. Fulano, conjurote con Dios Hijo. Fulano conjurote con el Espíritu Santo. Fulano, conjurote con Santa María, su madre. Fulano, conjúrote con San Juan. Fulano, conjúrote con San Pedro y San Pablo. Fulano, conjúrote con San Cosme y San Damián. Fulano, conjúrote con toda la Corte Celestial, que no puedas estar ni reposar ni a otra mujer buscar hasta que a Fulana revengas a buscar ledo y manso y manso y ledo, así como Nuestro Señor Jesucristo subió el día del Viernes Santo a morir por mí y por ti en el madero".
También utilizaba el famoso conjuro de León Bravo, muy utilizado por casi todas ellas, o al menos conocido de todas, que decía así:"Fulano, león bravo, conjúrote con Dios Padre, conjúrote con Dios Hijo, conjúrote con el Espíritu Santo, conjúrote con Santa María, su madre, conjúrote ojos, boca y corazón, que no puedas estar ni reposar hasta que a Fulana revengas a buscar, ledo y manso, manso y ledo y así como Nuestro Señor Jesucristo vino el Viernes Santo a morir por ti y por mí en el madero".
Mientras recitaba estos conjuros,
en una oscura habitación, iluminada por una débil luz de
candil, Juana se estremecía y entraba en una especie de frenesí.
...continuara...
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